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El cierre de los talleres Rioro dejó, ayer, más de 70 empleados en la calle.

El jueves 22 de junio, a las 6 de la mañana, se consumó uno de los momentos más tristes de la historia de Pérez, un pueblo de estirpe ferroviaria, que fue testigo del esplendor de antaño, cuando en sus inmensos galpones se ocupaban más de 3.000 operarios, que llenaban de orgullo a la ciudad cuando sus habitantes hablaban de los talleres ferroviarios más grandes de Sudamérica.

Ayer, los empleados se encontraron con un cartel firmado por la empresa en el que dice que Rioro "ha cesado su actividad tal como fue informado al personal conforme a la ley", y agrega que "para terminar el proceso, el departamento de recursos humanos se comunicará a la brevedad con cada uno de los desvinculados". Cierra el comunicado con una dirección de mail y un teléfono. De esta manera, llegó el punto final para los más de 70 operarios que aún conservaban su fuente de trabajo.

La reacción de los perecinos volvió a ponerse de manifiesto, como se volvió habitual en estos tiempos, a través de las redes sociales. Las imágenes que surgían desde el portón de Mitre y Ruta 33 se fueron propagando, y generaron una catarata de comentarios, donde, en su mayoría, se expresaba el dolor de ya no ser.

“Debemos hablar hoy, lamentablemente, de una crónica anunciada, que comenzó por allá en el año 1993 con la privatización de los ferrocarriles argentinos en lo que fue parte del enorme saqueo que sufrió nuestro país en la década del 90”, señaló Alejo Iztegui, el representante del Partido Confederal que siguió de cerca las alternativas en torno al cierre de la empresa.

Iztegui, además, explicó que “En el 2016, Rioro, perteneciente al Grupo Emepa y actual dueña de los talleres exigió el retiro voluntario a 110 empleados provocando así, la desarticulación de los trabajadores, y allanando el camino para que finalmente, en el día de hoy (por ayer), se cerraran por completo las puertas dejando en la calle a las 75 familias restantes que aún contaban con su fuente laboral. Debe destacarse está maniobra por parte de la empresa, ya que probablemente, sería más difícil hablar de los despidos hoy, si aún estuvieran los casi 300 empleados trabajando en los galpones. Esto habla a las claras de una acción premeditada que se fue llevando adelante a través del tiempo por parte de la empresa y fue desgastando el ánimo y la moral de los trabajadores al igual que sus ingresos”.

Las reacciones en las redes sociales se movían entre la incredulidad y la tristeza. Familiares y amigos de los empleados expresaron sus sensaciones: “Lamentablemente tengo a mi mamá ahí, bah, la tenía trabajando. Mientras esta empresa, obsecuente del gobierno de turno, le da trabajo a otros dos talleres ferroviarios de Laguna Paiva y Chascomús. Hay un terrible ensañamiento hacia esta sucursal. Estas 70 se suman a las 100 del 2016 que no me quiero olvidar. Lamentable la situación que se vive y se refleja cada vez más en la calle”, fueron las palabras de Juan Cruz, hijo de una de las empleadas.

“Lástima, tristeza absoluta, pobre gente, quedarse sin trabajo, y lo peor tener unos de los mejores talleres del país y que nadie lo sepa aprovechar. Vergüenza”, comentó Claudia.

“No sólo se pierden fuentes de trabajo, sino parte de la historia de la ciudad”, comentó el periodista Hernán Salinas Maldonado.

Mientras tanto, desde el Grupo Emepa comunicaron que “no se desmantelará la planta de Pérez, manteniendo personal en las instalaciones, proyectando su reconversión productiva en el mediano plazo”.

Un “mediano plazo” que hoy parece bastante lejano.