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Descubrir lo que necesito

Por: Vanesa Coronel.

Empecemos con un cuentito. Un vecino encontró a Nasruddin cuando éste andaba buscando algo de rodillas. «¿Qué andas buscando, Mullab?».

«Mi llave. La he perdido». Y arrodillados los dos, se pusieron a buscar la llave perdida. Al cabo de un rato dijo el vecino: «¿Dónde la perdiste?». «En casa».

«¡Santo Dios! Y entonces, ¿por qué la buscas aquí?». «Porque aquí hay más luz».

 

Es verdad que a veces buscamos las respuestas en los lugares equivocados, o por comodidad, no nos movemos de donde estamos parados, no viramos la cabeza, no cambiamos el punto de observación.

El tercer paso para continuar con el artículo anterior, tiene que ver con reconocer el origen de nuestros sentimientos. Por regla general, las emociones y los sentimientos se despiertan a raíz de algún evento o alguna actitud de otra persona. Pero confundir un estimulo con una causa suele ser el punto en donde nos corremos de nuestro centro. Lo que hacen los otros puede ser el estimulo de nuestros sentimientos, pero no la causa.

La responsabilidad de uno mismo conlleva hacerse cargo, no solo de los comportamientos que llevamos a cabo, sino también de aquello que pensamos y sentimos. En definitiva, de nuestra existencia. Frases como esta: “Vos sos el responsable de cómo me siento” son dichas por nosotros en más de una ocasión.

Estamos acostumbrados a responsabilizar a los otros de nuestras emociones, es decir, de cómo nos sentimos, al igual que nos responsabilizamos de cómo se sienten los demás. Poniendo el foco fuera, en lugar de focalizarlo en nosotros.

¿A quién le estamos dando el control?

Responsabilizarnos de las emociones de los demás puede ser una gran carga para nuestro desarrollo individual, al igual que desplazar cómo nos sentimos buscando culpables fuera de nosotros. Pues no se trata de culpables, sino de gestión y responsabilidad emocional.

Y puede que te preguntes: ¿por dónde empiezo?

Primero, detectar la tendencia a culparnos o culpar a otros de cómo nos sentimos.

Segundo, percibir que sentimos, y cuál es la verdadera necesidad: es decir, que es lo que no está satisfecho con respecto a esa situación en particular. Ejemplo: Estoy enojada porque mi amiga Sonia no cumplió lo prometido... Ahora intentar ir más allá agregando un porqué: Estoy enojada al darme cuenta que Sonia no cumplió su promesa de ocuparse de la reserva del hotel porque yo contaba con eso, y ahora descubro que no quedan más habitaciones disponibles.

El darme cuenta de esta razón, no hace que el hecho me moleste menos, pero me mantiene conectada con mi centro, y evito criticar al otro simplemente. Lo que yo haga después, es asunto mío, pero al menos este paso me mantiene en mi centro.

Como tercer paso, necesitamos entender y tomar en cuenta la necesidades de los demás, pero ya no desde la dependencia emocional, sino desde la compasión, intentando ponernos en su zapatos a través de la indagación y la empatía.

En el próximo artículo finalizaremos esta serie de pasos para cerrar con el ciclo del vaciado.

Espero te sea de utilidad.

Gracias por leerme.