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El tiempo y ¡lo quiero ya!

Por: Vanesa Coronel.

Daniel Goleman en su libro “La Inteligencia Emocional”, nos cuenta un estudio hecho por el psicólogo Walter Michel en un jardín infantil de la Universidad de Stanford, en el que los niños que pudieron postergar la satisfacción de un deseo, tuvieron resultados superiores al terminar la escuela.

La prueba del bombón: “Imagínate que tenés cuatro años y alguien te hace la siguiente proposición: Si esperas a que esa persona termine la tarea que está haciendo, podrás recibir dos bombones de obsequio. Si no podes esperar sólo recibirás uno, pero podrás recibirlo de inmediato. El estudio siguió la trayectoria de los niños hasta que terminaron la escuela secundaria…

La diferencia emocional y social entre los niños que se apoderaron del bombón y sus compañeros que demoraron la gratificación, fue notable. Los que habían resistido la tentación a los cuatro años, como adolescentes eran más competentes en el plano social: personalmente eficaces, seguros de sí mismos, y más capaces de enfrentarse a las frustraciones de la vida… Aceptaban desafíos y procuraban resolverlos en lugar de renunciar… Confiaban en sí mismos y eran confiables; tomaban iniciativas y se comprometían en proyectos. Y más de una década después aún eran capaces de postergar la gratificación para lograr sus objetivos.”

¿La paciencia se aprende?

La verdad es que si, porque como seres humanos que somos con instintos primarios de supervivencia, donde nos urge satisfacer nuestras necesidades más primordiales, a veces la paciencia brilla por su ausencia.

Pasado un tiempo, la complejidad de este mundo nos confronta con la realidad, y nos damos cuenta de que cada cosa y/o persona tiene sus tiempos.

Ahí es donde aparece la necesidad de trabajar la paciencia, la urgencia de la gratificación inmediata pasa a segundo plano porque entendemos que las cosas no pasan siempre cuando yo quiero, sino que cuando tienen que pasar.

Ahora ustedes se pueden preguntar: ¿y que gano esperando?

En general, el mayor beneficio es el dominio de uno mismo, poder contenernos, soportar frustraciones, fracasos, perdidas, eso que llamamos resiliencia: nos permite re-inventarnos a partir de los reveses de la vida.

Aparecen palabras como el respeto, por uno mismo, primero, lo que nos permite comprender que a veces necesitamos más tiempo para decidir dar el paso, por el otro, que necesita el espacio para ser y estar, por el ambiente que nos rodea, que tiene sus propios ciclos...

La otra palabra que viene adjunta a la paciencia es la responsabilidad, la habilidad de responder, el ser consciente de que cada respuesta que doy (palabras o actos), dependen de mi y solo de mi.

Cuando tengo el dominio de mi ser, puedo decir que estoy trabajando la paciencia.

Algunas frases como el tiempo es oro, o lo necesito ya, marcan esa impaciencia en la que crecimos, donde pareciera que nadie puede esperar nada. Es ahora... lo cierto es que para estar en el aquí y en el ahora tengo que desarrollar la capacidad de conectarme con ese fluir del presente, donde no me urge saber que va a pasar después, sino que puedo detenerme y vivir ese momento y confío en mi capacidad para responder a lo que surja luego.

La respiración ayuda a que te calmes. Respirar profundo siempre es un recurso fácil, que tenemos a mano todo el tiempo. Pero también ayuda que, al tiempo que cultivas la paciencia, siembres en tu mente y en tu corazón la idea de que eres dueño de ti mismo. Que todo lo que haces o dejas de hacer es responsabilidad exclusivamente tuya. Que todo lo que ocurra dependerá de la forma como actúes.

Pautas para trabajar la paciencia:

  1. Tomar conciencia de que soy yo el que está al mando (responsabilidad)
  2. Ordenar las prioridades en mi vida, desde lo que más deseo a lo que menos deseo (visión)
  3. Analizar cada situación: reflexionar sobre lo que me conviene en cada momento (valoración)
  4. Decisión: Elegir un opción y ser consecuente (acción)
  5. Celebrar: que pude llegar a mi objetivo siendo íntegramente yo (gratitud)

¡Que mis palabras hagan sentido en tus días!

¡Gracias por leerme!

 

  • Vanesa Coronel
    en Comunicación Social
    Coach Ontológico Profesional
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