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"En una nueva búsqueda de atajos, se terminan empleando las PASO para lo mismo que afirmábamos querer superar y dejar en el pasado".

Escribe: Hernán Federico hernanandresfederico@gmail.com

En 1997 la República Oriental del Uruguay llevó adelante una reforma electoral que incorporó una figura novedosa para la selección de los candidatos a presidente y vice: obligó a los partidos a presentar una candidatura única en las elecciones generales (anteriormente se permitía que cada espacio presentara más de una fórmula presidencial) e implementó las elecciones primarias, abiertas y simultáneas para todos los partidos. De esta forma, se dirimían antes de las elecciones generales los candidatos únicos de cada espacio político, permitiendo a los afiliados partidarios (ya que no son obligatorias para el resto de la población) resolver diferencias internas antes de las elecciones generales.

Con este antecedente en mente, los políticos argentinos comenzaron un proceso largo, con numerosos avances y retrocesos, que culminaría con la implementación efectiva de un sistema similar en nuestro país. En el año 2005, la provincia de Santa Fe fue pionera en este sentido, derogando la tan criticada Ley de Lemas e implementando un sistema parecido al uruguayo pero agregando la obligatoriedad de dichas elecciones primarias, es decir, haciéndolas obligatorias para todos los ciudadanos.

Los puntos a favor resultaban evidentes, más teniendo en cuenta el perverso sistema anterior, la tristemente célebre Ley de Lemas, que terminaba consagrando ganador al candidato más votado dentro del espacio político (Lema) que más sufragios había acumulado. Esto podía generar que tu voto fuera útil a un candidato que no votaste, y que el candidato más votado no resultase electo debido a que su espacio político (es decir, la suma de todos los sublemas) no fue el que obtuvo más votos. Ejemplo claro de esta situación fue la última elección a gobernador bajo este sistema en nuestra provincia, en el año 2003, que consagró gobernador a Jorge Obeid con 345 mil votos, quedando relegado Hermes Binner, que había obtenido más de 600 mil.

El nuevo sistema vendría a saldar las situaciones mencionadas y permitiría abrir los partidos a la sociedad, quitarle poder a los caudillos que suelen manejarlos como si fueran su pequeño feudo, democratizando así todos los espacios políticos, y permitiendo a una fracción minoritaria de cualquier partido medirse públicamente con las restantes.

Pero las prácticas reales modifican algunas teorías. Con el paso del tiempo, lo que podría haber sido un mecanismo democrático importante, se fue convirtiendo en una encuesta masiva y gratuita, útil a oficialismos y partidos millonarios, que brinda una posibilidad de reacción ante magros resultados electorales. La distancia temporal entre las PASO y las elecciones generales le ha permitido a intendentes y gobernadores emplear artimañas variadas con el fin de revertir o mejorar los resultados de las elecciones primarias. Empezamos a ver cómo se inventan candidatos fantasmas para forzar una PASO y obtener así números para planificar los últimos meses de campaña; hemos visto cómo, a nivel local y provincial, los oficialismos obtienen mágicamente recursos inacabables para levantar los pobres votos de las PASO, ejemplo extremo de esta situación se dio en las últimas elecciones a senadores en San Luis, en las que el oficialismo aumentó 20 puntos respecto de las primarias.

En conclusión: el mecanismo que permitiría transparentar espacios y poner en igualdad de condiciones a todos los candidatos, progresivamente se fue convirtiendo, casi exclusivamente, en un elemento más de campaña, una burla a la democracia y un engaño al elector, desvirtuando así un instrumento que, de emplearse conforme a su espíritu, podría haber resultado útil en este hermoso país que no se caracteriza precisamente por la transparencia institucional. En una nueva búsqueda de atajos, se terminan empleando las PASO para lo mismo que afirmábamos querer superar y dejar en el pasado.