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Carta de lectores enviada por Hernán Federico a lectores@portalperez.com

“Necesitamos más luz sobre los demás.

La luz crea la comprensión, la comprensión crea amor,

el amor crea la paciencia, y la paciencia crea la unidad.”

Malcolm X

             Nelson Mandela estuvo veintisiete años preso, en celdas que no excedían los dos metros cuadrados. Durante ese tiempo, el encierro fue solo una de las cuestiones que tuvo que padecer: entre otras cosas, se enteró de la muerte de su madre y de uno de sus hijos, y debió tolerar la prohibición de asistir a los funerales. En 1990, después de su excarcelación, y siendo ya un hombre reconocido y apreciado internacionalmente, no solo inició negociaciones políticas con sus antiguos captores, con miras a poner fin al apartheid, sino que luego, al obtener la presidencia de Sudáfrica (con más del 62% de los votos), invitó a otros partidos políticos a unirse a su gabinete, conformando así un gobierno de coalición, y dejando en claro que ante los intereses supremos de toda una nación, poca cosa es la historia de una persona, y menos los rencores y el ego personal.

             Años electorales, como el presente, nos brindan la posibilidad de ver y escuchar a muchas personas y espacios, exponiendo, la gran mayoría de ellos, sus soluciones y verdades absolutas, y mostrando cuán diferentes e imprescindibles son. Lo paradójico del asunto es que, con solo prestar un poco de atención, puede observarse que muchas ideas y proyectos son similares, cuando no prácticamente iguales, entre los diferentes espacios. Al hablar de educación, inclusión social, (in)seguridad, etc., los discursos de los espacios progresistas parecen calcarse y repetirse.

            Ante tal situación, ¿cómo explicar las confrontaciones y distancias, aparentemente insalvables, entre los partidos?, ¿qué extraño sentimiento lleva a apoyar un proyecto cuando es propio y boicotearlo o ningunearlo cuando no lo es?, ¿qué objetivos esconde esta forma de pensar y actuar? Si pensáramos mal, podríamos decir que todo se explica por el mero afán de protagonismo o posicionamiento de las personas, por el ego inútil que suele nublar la visión o, peor aún, por un peligroso sentimiento de superioridad; pero, pensando bien, puede decirse que esta actitud solo responde al hecho de que no logramos aún comprender los beneficios del trabajo compartido, y que una construcción es colectiva solo si somos capaces de incluir y trabajar junto a los miembros de una colectividad, miembros que muy probablemente piensen y sientan de manera diferente a la nuestra, pero quizá persigan nuestros mismos objetivos.

            Es difícil creer que pueda construirse un mejor lugar donde vivir o que pueda legarse una mejor sociedad a las generaciones futuras creyéndonos portadores mesiánicos de la verdad; probablemente, seguramente, tengamos que buscar y confeccionar esa verdad entre todos, aportando cada uno sus sueños, convicciones e ideales, pero entendiendo que debemos amalgamarlos con los sueños, convicciones e ideales de los otros. Solo así, echando luz sobre los demás, comprendiéndolos, y esforzándonos por trabajar mancomunadamente, podamos quizá arribar a consensos y construcciones sólidas de las que podamos estar orgullosos.

 

Hernán A. Federico

DNI: 30695983