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Hacer que jueguen a nuestro favor

Por: Vanesa Coronel.

Los seres humanos somos seres lingüísticos y como tales entendemos el mundo a través de él. Nuestros pensamientos, creencias, valores y experiencias se basan en el lenguaje.

Una de las definiciones que mejor ilustra lo que es un juicio de valor, es aquella que se refiere a ellos como juicios emitidos desde la subjetividad (Alberto es demasiado alto); dice de ellos que son siempre formulados a través de adjetivos dicotómicos (bueno-malo, feo-guapo, alto-bajo). Los hacemos cada vez que calificamos acciones o cosas. Estos pueden ser morales, éticos, estéticos, políticos, religiosos, etcétera. Se caracterizan principalmente por contraponerse a los juicios de hechos (Alberto mide 1 metro y 90 centímetros) y los utilizamos para expresar nuestros gustos, preferencias e ideologías.

Los juicios son como veredictos. Son filtros que utilizamos para ordenar la información y tener más certezas. Basamos nuestras decisiones en los juicios que hacemos de las situaciones y las personas. En definitiva, cumplen un importantísimo rol en nuestras vidas.

Ahora, cómo hilar fino a la hora de formar opiniones, formular declaraciones, y tomar decisiones. Muchas veces, por no tomarnos el tiempo adecuado para analizar en profundidad una situación nos precipitamos en decisiones erradas que podríamos evitar o corregir sobre la marcha.

Te acerco tres dimensiones de inefectividad en las que solemos vivir:

  • Personas que se caracterizan por vivir los juicios ajenos, y delegan en los demás la autoridad para emitir juicios que les importan. Viven en una condición de inautencidad
  • Tratar a los juicios como afirmaciones (hechos) tiene como consecuencia: la rigidez, la inoperancia, y el cierre de posibilidades de aprendizaje. Un juicio diferente es tratado como error, o falsedad. El espacio de discrepancia es tomado como un espacio de confrontación. Ej.”Carlos se retrasó veinte minutos en la reunión del martes” y “Carlos no es de fiar” confundir afirmaciones con juicios restringe nuestras posibilidades de acción.
  • Quienes viven sin ser capaces de distinguir ente juicios fundados y juicios infundados. Las consecuencias: decepción permanente con respecto a sus expectativas y una gran dificultad para diseñar el futuro. Posturas de resentimiento porque viven como una injusticia tanto los logros de los demás como los fracasos propios.

A todos y cada uno de nosotros nos pasa de estancarnos en alguno de estos patrones, y esta actitud nos entorpece y empobrece muchísimo la existencia.

¿Cómo corregirnos a nosotros mismos?

Estando atentos, abandonando certezas y dudando un poco de nuestros veredictos.

Esto recién comienza....buen viaje!

 

Fuente: Ontología de Lenguaje, Rafael Echeverría, 2006, Ed. Garnica.

 

Vanesa Coronel

Lic. en Comunicación Social
Coach Ontológico Profesional

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