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Mirarse a uno mismo es el primer paso

Por: Vanesa Coronel.

La semana pasada, les explicaba cuales eran los pasos para un vaciado óptimo de esas cosas que tanto nos pesan.

Uno de los primeros pasos tenía que ver con la observación, ya que la única vía para hacer un cambio real y permanente de la experiencia de la vida, se encuentra en la auto-observación.

La mayoría de los sentimientos y/o emociones son tan aprendidos como el sistema de creencias. Solo mediante la auto-observación objetiva podemos distinguir entre las emociones negativas auto-infligidas y aquellas que nos conectan, nos unen con los demás. Es un ejercicio bastante mental, en cuanto a la condición neutra que requiere. Se trata de crear un nuevo ente, que podríamos llamar observador interno, un alguien que mira muy atento como pasa, sin perderse escena ni detalle, la película de nuestra vida como si fuese de otro, sin juzgar, solo observando, hasta alcanzar un nivel de des-identificación que nos permita ser objetivos.

Para que sea eficaz la auto-observación hay que excluir la auto-condenación (latigarnos no sirve para nada), la auto-consideración, (vernos como víctimas de los eventos externos) y la auto-justificación (echarle la culpa a algo o a alguien y no asumir mi responsabilidad). Solo así empieza a ser objetiva la auto-observación. Solo así tiene utilidad.

Produce mucha fortaleza observarse así de esta manera y es una fuerza que solo puede desarrollarse mediante la práctica. Mediante el esfuerzo repetido, contante, y atento de ver, oír y sentir que está pasando realmente adentro de uno mismo y en las relaciones de uno con los demás.

Cada individuo tiene su propio conjunto de patrones y artimañas habituales y automáticas, para crearse estados emocionales que lo dañan. Cuando descubrimos cuales son y aceptamos esto, sabemos dónde empezar a buscar las emociones auto-derrotantes, que te enganchan más rápida e intensamente.

Para comprender una lección y así poder pasar a la siguiente, lo primero es estar consciente en el sentido de darse cuenta y tener auto-observación, un recuerdo de si, ejercicio que ya recomendaban a los discípulos de la escuela pitagórica hace unos 2650 años. Lograda esta, hay que hacer sobre ella una aceptación profunda, etapa donde es normal que haya un poco o mucho de sufrimiento.

Observar sin intervenir para comprender es la clave del auto-descubrimiento.

¡Que te sea de tanta utilidad como a mí!

 

Fuente: Minuto a minuto, Silvia Freire.

  • Vanesa Coronel
    en Comunicación Social
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