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Es imposible amigarse con la muerte si primero no entendemos de qué se trata la vida.

Escribió: Matías Paoli. Hakuba (Japón). 7 de marzo de 2019.

 

Escuché un millón de voces en esta tierra, oí tu silencio al partir. Escuche un susurro que me decía, ella baila siempre detrás. (Skay Beilinson).

Porque a veces nos aterra y otras tantas nos inquieta, porque algunos no le temen y muchos otros pierden el sueño a su causa. Porque algunos la desafían, otros tantos la provocan, unos escapan de milagro, otros la vieron de lejos o en segunda persona.

Porque todos algún día la encontramos.

Para aquellos quienes disfrutamos de la vida, tratamos de atrasarla todo el tiempo, nos movemos, corremos de ser necesario, aunque a veces inconscientemente le tocamos el hombro y le sacamos una mueca de sonrisa, como diciendo, estuviste cerquita.

Un ser querido, un amigo, un conocido, el conocido de un conocido y sus historias, sus motivos y sus causas. Siempre tiene un lugar a conversación, nos siembra dudas, nos causa hipótesis, nos hace pensar y meditar, nos lleva a hacer un duelo o acompañar a un dolido, algunas veces nos tranquiliza, puede causar mucho dolor, pero también detener el sufrimiento. Lo cierto es que es lo único inminente y justo para todos, puede llegar temprano o más tarde, pero siempre va a estar a tiempo y tiene una asistencia perfecta.

Es imposible amigarse con la muerte si primero no entendemos de qué se trata la vida, no quiere decir que en lo personal yo lo entienda, pero en un mundo y actualidad lleno de jueces de la vida, cualquier basura tiene más significado que lo que la vida propia nos quiere ofrecer. Y está en el ser, darle un contenido propio a la vida e independientemente de la historia que nos toque vivir por más complicada que sea, porque si no estás buscando un contenido para tu vida entonces déjame decirte que te estás perdiendo del mejor de los pasatiempos.

La idea es tener una ruta larga, con el suficiente tiempo para encontrar respuestas, de las tantas preguntas que nos hacemos a nosotros mismos.

La base de una vida que se disfruta parte desde el punto en que comprendemos que nuestro momento puede ser cualquier momento, incluso este. Es impredecible, ¿y para que alterarlo?, si esa es una forma en que se pierde el entusiasmo de seguir la travesía. El no saber lo que viene mantiene el incentivo de esperar mucho más, aunque a veces el resultado no sea el que esperamos, las ansias de recibir lo inesperado es una de las partes más grandes de lo que la vida trata, entonces de esa forma la muerte se transforma en sorpresa.

No tiene caso hacerlo predecible, no se trata de temerla, desafiarla, ni siquiera de esperarla, se trata de vivir, se trata de buscar, encontrar y exprimir todo eso para lo que estamos hechos, porque el presente más grande ya lo tenemos, lo ganamos nosotros.

Por lo demás, del pasado siempre vamos a poder aprender y sacarle un provecho, porque estamos a tiempo, el presente se puede siempre aprovechar mejor y no malgastarlo, y el futuro, para nuestra fortuna y buena suerte, no sabemos qué tan largo va a ser.