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Encontrar el sentido de lo sagrado en las actividades diarias, tener un propósito, desarrollar la compasión, la caridad, la gratitud...

Por: Vanesa Coronel.

Sobre la mesa del comedor de la casa de mi madre hay un sector tácitamente convenido en donde ella coloca cosas que yo tenga que llevarme cuando la visito al mediodía y almorzamos juntas. Un sobre que trajo el cartero, naranjas de sus árboles, alguna comida casera… Sin embargo, lo que encontré allí hace pocos días era inusual: una caja de cartón rústico, grande, alta, imposible de no ser vista.

Yo venía de hacer radio, como todos los martes. Y ese martes había hablado, entre otras cosas de la campaña “Pies Calientes”, algo modesto que cada año organizo para conseguir medias, calcetines, zoquetes, para los niños de las escuelas de mi pueblo (que cruzan zonas de campo helado, muchas veces llegando con los piecitos húmedos) y también para los internados en el Neuropsiquiátrico que está frente a mi casa (la pobreza en su forma más extrema, más abandonada, más desnuda). Gente de todas partes colabora, y quienes están lejos deciden hacer lo mismo por los que necesiten “pies calientes” en su zona, su ciudad, su país.

“Mami, ¿esa caja es para mí?”, le pregunté mientras iba sacándome el abrigo. Me respondió que sí, con un rostro conmovido, distinto a la expresión alegre que la caracteriza. “¿Qué es?”, le pregunté, sorprendida. “Mil pesos en medias”, susurró, con los verdes ojos húmedos, como dos uvas claras.

Cabe decir que mi madre −que en pocos días cumplirá 86 años− es jubilada y cobra lo mínimo. Sin embargo, allí estaba, habiendo gastado una suma enorme para una persona de su condición. “¿¿Mil pesos??”, exclamé, azorada. Entonces ella dio la explicación más honda, más simple, más profunda: “Sí: te escuché hablando por radio, y de inmediato recordé cuando yo era niña y salí del orfanato para empezar a trabajar en el campo… Era tanto el frío, pero tanto, que me envolvía los pies con trapos dentro del calzado roto… hasta que a medida que crecía el calzado ya no me entraba y no había plata para comprar otro, así que andaba descalza, trabajando sobre la tierra helada. Hoy puedo darme el lujo de comprar estas medias”. Y allí sí, sonrió, amplia y ancha su sonrisa como una ventana en primavera.

¿Por qué una persona que sufre vejaciones tan arduas como ésas convierte lo que podría ser resentimiento en servicio, compasión, actitud de ayuda? Resiliencia pura. Y el punto que quiero destacar es éste: así como hay genios de las matemáticas, de las artes, del deporte, podría decirse que quienes logran esta transmutación del dolor en belleza son genios del espíritu.

El concepto de Inteligencia espiritual es hoy tenido en cuenta por la Psicología (en especial por el enfoque Transpersonal, que abarca ese universo hondo del ser humano). Podría definirse como la inteligencia primordial que nos permite afrontar y resolver problemas de significados y valores; ver nuestra vida en un contexto más amplio y significativo y al mismo tiempo determinar qué acción o camino es más valioso para nuestro destino y el destino que tenemos en común con los demás. La Inteligencia espiritual está en todo nuestro Ser, como una totalidad trabajando de manera armónica con la inteligencia racional y la inteligencia emocional. Es la forma como cultivamos las cualidades vitales de la energía, el entusiasmo, el coraje y la determinación, así como la protección y el desarrollo del alma.

Robert Emmons considera que aquellos que tienen Inteligencia espiritual poseen ciertas capacidades, como la capacidad de trascendencia, la capacidad de experimentar estados elevados de conciencia, la capacidad de encontrar el sentido de lo sagrado en las actividades diarias, de usar los recursos de la espiritualidad para resolver los problemas prácticos de la vida, así como la capacidad de comprometerse en llevar una vida virtuosa expresada en el perdón, la gratitud, la humildad, la compasión y la sabiduría.

Tony Buzan sugiere diez formas para despertar la Inteligencia espiritual: cultivar una visión global de la vida, tener un propósito, desarrollar la compasión, la caridad y la gratitud, descubrir el poder de la risa y de vivir una actitud de entusiasmo, amor ilimitado, sentido de aventura, confianza y sinceridad, así como reconocer la importancia de la paz y el poder del amor.

La querida Frances Vaughan (pionera del enfoque Transpersonal) señala que la Inteligencia Espiritual implica múltiples vías de conocimiento y se orienta a la integración de la vida interior de la mente y el espíritu con la vida exterior del trabajo en el mundo.

Alguna vez (y espero verlo) se considerará la Inteligencia espiritual como algo vital a ser cuidado y desarrollado en la educación más básica, desde la infancia. Es la inteligencia más honda, más importante. Todas las demás, sin ella, no son más que artificios.

¿Cómo se expresa en tu vida la Inteligencia espiritual? ¿Cómo se da en las personas que te rodean? ¿Quiénes, en tu historia, desde el ejercicio de esta Inteligencia alentaron tu camino hacia la integridad?

Si nunca habías escuchado hablar de ella es porque la humanidad está aún en su infancia, y seguimos aprendiendo lo que no importa, descuidando lo más esencial: educarnos para que el corazón se despliegue como una grulla de papel. Cubrir los pies fríos si los nuestros están calientes, porque el otro y yo somos uno. Somos uno: eso es lo que la Inteligencia espiritual nos recuerda en cada acción. ¿La ejercitamos? ¿Le damos espacio? Cada día, cada gesto, cada instante es una oportunidad.

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​Fuente: ​http://www.sophiaonline.com.ar/columnistas/inteligencia-espiritual-tu-riqueza-invisible/

 

  • Vanesa Coronel
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