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La historia de los Talleres Ferroviarios de Pérez, el paso del tiempo y las decisiones que influyeron en uno de los emblemas de nuestra ciudad.

La historia comenzó a fines de los años 80, cuando un nefasto presidente riojano, que por esos días gobernaba este bendito suelo, con sus ideas liberales y antinacionalistas (contrarias a las que supuestamente embanderaban sus correligionarios políticos que gobernaron el país hasta el 2015), se le ocurrió decir: “Ramal que para, ramal que cierra”.

Sindicalistas, tan corruptos como el político gobernante, parecieron hacerle el juego y arreciaron con sus huelgas. Si hubo algo bueno, dentro del desastroso gobierno nacional de esos tiempos, fue que lo que dijo lo cumplió. Felicitaciones Sr. Presidente, por fin alguien promete algo y cumplió: Cerrado los Ferrocarriles Argentinos.

Hubo un periodo de transición con la aparecieron de corruptas empresas mixtas  (subsidiadas con valores superiores al supuesto déficit de $ 1.000.000 diario del ferrocarril cuando estaba en manos del estado).

A fines de los 90, la “Patria Contratista” logro su cometido. Esas mismas empresas se hacen cargo casi por “lástima” de las empresas férreas. Todos ellos fueron los salvadores: Sergio Taselli (TMR – TMS). Claudio Cirigliano (TBA – Plaza), Gabriel Romero (Ferrovías – Roca – Belgrano Sur), Benito Roggio (Metrovías – Urquiza), entre otros.

Para los perecinos, los Talleres Ferroviarios, esos mismos que enorgullecen en el escudo de la ciudad, dada su magnitud, era muy difícil que algunas de estas empresas lo tomen bajo su tutela para reparar sus vehículos (locomotoras, coches de pasajeros y vagones de carga). En ese contexto un grupo de empleado opta con la creación de la “Cooperativa Ferroviaria Talleres Pérez”.

La subsistencia de dicha cooperativa dependía pura y exclusivamente de esas nuevas empresas, que en cuenta gotas le daban algún “trabajito” y que con una velocidad muchísimo más reducida, le giraban los pagos correspondientes.

Ante esa situación casi desesperante que esas mismas empresas pusieron a la cooperativa, es cuando algunos integrantes comienzan a dejarla.

Y parafraseando el latiguillo del Chapulín Colorado: “¿y ahora, quién podrá ayudarnos?” Y como magia apareció el mesías y benefactor: El Grupo Emepa, perteneciente al Sr. Gabriel Romero (beneficiado durante años por la gestión Kirchnerista y la cara visible del hoy detenido Ricardo Jaime).

Le ofrece $ 100.000 a cada uno de los 100 empleados, valor casi irresistible para los asociados. El grupo le ofrece además, tomarlos como empleados, pero a cambio le debían ceder todo. Terreno, edificación, herramental, materiales. Y finalmente los cooperativistas se dejan seducir por la millonaria empresa porteña y firman cediendo algo que otros sospechosos habían cedido en forma irregular.

Hoy, a menos de 10 años de aquella nefasta y macabra operación, la empresa Emepa S.A., argumentando caída en la demanda de trabajos por parte de las distintas empresas ferroviarias, redujo ostensiblemente  su plantilla y operarios. Y estrepitosamente se apagan las grandes luces con que dieron el puntapié a sus actividades en nuestra ciudad (léase visita de gobernador, intendente y candidatos políticos).

Comienza a ponerse en curso lo que muchos videntes veían hace casi 10 años atrás, cuando comenzaron estas negociaciones; el tremendo valor que Pérez cuidó tantos años, y ahora sospechosamente en manos del grupo Romero, quedará reducido a un lugar en ruinas, sirviendo solamente como para recordar que ahí se apostó durante casi un siglo a la prosperidad y crecimiento de la hoy Ciudad de Pérez.

 

S.F.