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Virginia Gomez, la futbolista oriunda de Cabín 9, tuvo un año inolvidable, con momentos históricos como el Mundial de Francia. El Diario La Capital repasó su historia. De barrio Belgrano al Parque de los Príncipes.

Nota del Diario La Capital, publicada el 24 de Diciembre de 2019.

Los campitos del barrio se secan con el calor. En verano, Rosario tiene días en los que es un fuego y cuando la tierra se pone dura no sólo desaparece el césped sino que también arde. Es imposible estar descalza. En una esquina de barrio Belgrano, al oeste de la ciudad se armó un picadito. Y la única nena que hay entre todos esos varones quiere jugar. Entonces corre, apurada, a remover el horno de barro que hay en el fondo de la casa. Es que hace un tiempo, el horno ya no se usa y los cinco hermanos varones que la preceden tomaron por costumbre poner ahí las cosas que ya no sirven. Mira unos botines, los descarta porque son grandes. Examina otros, pero las suelas están hechas pomada. Nota que los terceros son los más cercanos al número que ella calza, los prueba y se los queda.

La nena corre al campito. Es una más. Corre, corre y corre. Transpira. Es flaquita y no se cansa nunca. Pisa la pelota, inventa una gambeta corta y patea. Gol. Sigue jugando, hasta que baja el sol. Juega todo el verano. Y todas las estaciones.

En el Parque de los Príncipes de París, donde hace de local el París Saint Germain, el lujo es el denominador común. Es un palacio sobre el césped, con la imagen de la Torre Eiffel surcando las tribunas. Todo está en perfecto orden. Y hasta emana del piso ese frescor perfumado. Es la perfección. En un rato, Argentina debutará ante Japón en la Copa del Mundo 2019 y la chica que viste la camiseta Nº 13 y a quien el entrenador probó de 4 hace tres días, va a ser titular. Todavía no lo puede creer, mira para todos lados, se ríe pero también está nerviosa. Piensa en los campitos de barrio Belgrano. Piensa en sus primeros botines, aunque estos los que usará ahora, se los regaló una compañera de equipo.

Virginia Gómez tiene 28 años y es la nena que creció con la idea fija: jugar a la pelota. Empezó con los pibes, como casi todas, pero tuvo cerca a un papá presente que al final de cada partido la esperaba afuera de la cancha con un yogurt y unas facturas. Un papá que la alentó. Un día al ver que en un club cercano había un equipo femenino Virginia corrió a su casa a decir que quería ir. Tenía 12 años, no la aceptaron por chiquita y flaquita. Volvió dos años más tarde. Después pasó a otro club, a jugar de 11. Después vino el primer llamado de la selección. Después vino una rotura de ligamentos eterna. Después vino el llanto. Después vino la reinvención. Después vino Rosario Central y después, otra vez, vino la selección. Soñó a corto plazo, chiquito. Pero vivió lo inmenso.

La Chichi, como le dicen sus compañeras, está ahora sentada en la punta de la mesa del patio de la casa de sus viejos, en el mismo barrio Belgrano, donde va y viene todos los días. Vive en Cabín 9, junto a su pareja en una casa compartida y ahí se quiere quedar. Está feliz porque hace unos días concretó la compra de un terrenito, un hecho histórico en el seno familiar. Cuando pierde un poco la timidez, habla de todo. Y de todo es no sólo esa historia personal, de sacrificios y superación sino también lo que acaba de vivir con Argentina.

Virginia Gómez fue una de las jugadoras que quedaron en los libros del fútbol femenino porque clasificaron a un Mundial después de 12 años, jugó ese Mundial en Francia que revolucionó al fútbol femenino en general y al argentino en particular y participó de los Juegos Panamericanos de Lima, donde la albiceleste por primera vez se subió a un podio y consiguió la medalla de plata. Casi al mismo tiempo AFA anunció la disputa del primer torneo profesional femenino y Rosario Central, equipo capitaneado por la Chichi Gómez, fue el único invitado del Interior. En este sentido, Virginia dice: “El 2019 me dio todo, siento eso, me dio muchísimo, mucho más de lo que pude soñar. No esperaba nada de todo lo que pasó”. Pero también dice que la exposición la abrumó, la asustó, que aún hoy es “muy loco” que la paren en el supermercado para pedirle una foto. Se resguardó en ese sitio, el de siempre, en el que creció y plantó bandera a tal punto de rechazar cualquier oferta para no ir a jugar ni a Buenos Aires ni a otro país. Los años que le queden en el fútbol los quiere vivir en Central. En su querido y amado, Rosario Central. Con los pies en la tierra.

¿Te acordás cómo empezó esta historia?

De chiquita yo andaba por acá, por allá, quería jugar al fútbol. Me compraban muñecas pero me aburría. Soy la primera mujer después de cinco hermanos varones, imaginate. Acá, antes, esta casa era re chiquita y mi papá armaba la canchita y jugábamos todo el día. Acá o en los campitos. Por el barrio andaba caminando, tenía una bicicleta Cielito, pero andaba caminando.

¿En qué momento arrancaste en un equipo?

Una vez pasé por un club de acá cerca y vi que había un equipo de mujeres, se me iluminaron los ojos, ni idea tenía. Fui, pero no me aceptaron porque era muy chiquita. Después, ya más grande, pasé a Las Aguilas, pero también desapareció ahí el fútbol femenino al poco tiempo. A veces me venían a buscar de Rosario Central para jugar algún torneo, un Nacional o algo de eso. Ahí me llamaron de la selección por primera vez, pero yo no tenía club, figuraba como jugadora libre. Me llamó Carlos Borello para una Sub 17, tenía 15 años, fuimos a Uruguay. Después también estuve en la Sub 20.

El mismo DT con el que viviste estos hechos históricos con la selección mayor este año.

Sí, y eso que hace tres años y medio que volví a jugar. Había dejado porque quería terminar la escuela, incluso no la terminé, me falta 5º año y porque trabajaba en ese momento, estaba en otra cosa. Cuando vine de jugar con la Sub 20 un Mundial me rompí la rodilla y tardaron un año y algo en operarme, en ese tiempo la obra social de mi viejo no la bancaba. Fue una pelea, fue gracias a que el traumatólogo se cansó de que vaya todos los días a decirle que me opere, que me operó. Ibamos con las órdenes a autorizar y no las autorizaban, una lucha. Mientras tanto yo iba subiendo de peso.

¿Cómo es eso?

Tardaron un año y medio en operarme y después fueron 7 meses más de recuperación, llegué a pesar 76 kilos, 16 más que ahora, me fui al carajo. No se puede creer cuando ves las fotos. Hace dos años y medio una conocida me invitó a jugar futsal, fui porque me interesaba conocer y porque era Central y ahí empecé a bajar de peso, una locura. Sentía que tenía que estar mejor físicamente así rendía mejor y en eso me llama Carlos para decirme que volvía a la selección y me pregunta cómo estaba. Fue una alegría, lo necesitaba, hacía un montón que no iba, como 5 ó 6 años. Ahí me pidió que vuelva a cancha de 11. En Central me habían buscado pero yo no quería, pero cuando Carlos me lo pidió, sí. Fue hermoso ese año. Porque además salí campeona de futsal y de 11.

¡Qué confianza Borello, no te veía pero te llamó!

Es lo que tiene con las jugadoras que ya conoce. Le interesan muchas cosas, más allá de lo deportivo también lo personal, siempre me lo remarcaba. Le interesa que haya un buen grupo aparte de que juegue bien.

¿Por qué decís que necesitabas volver a la selección?

Porque cuando la veía por televisión, aún con otros técnicos, lloré mil veces. Lloraba porque pensaba que no podía volver más. El tema de no poder operarme, todos los kilos que subí... Como mucho jugaba los domingos un rato con las chicas, pero volver lo veía como imposible. Y cuando me llamó necesitaba probarme yo misma, revivir, saber que podía volver a ser la de antes.

¿Qué hiciste en ese tiempo tan duro?

Trabajaba en una playa de camiones de Pérez que ya no está. Empecé haciendo sánguches y ensaladas en un bar para los camioneros, a veces hacía la bacha, fui cocinera y cajera. Mi patrón me quería un montón y me tenía una confianza grande, él sólo tiene un hijo varón y me decía que yo era la hija que nunca tuvo, me daba todo, estaba comodísima, tengo los mejores recuerdos.

¿Pero mientras hacías las ensaladas seguías pensando en el fútbol?

Sí, porque a veces los domingos le pedía permiso para ir a jugar o para entrar más tarde para poder ir a los torneos. Me dejaba, el tema era que cuando yo necesitaba chicas invitaba a mis compañeras y a veces los domingos faltábamos todas (risas). Pero nos bancaba, éramos un equipazo.

¿Qué te acordás de ese primer llamado a la selección y de cuando te dieron la primera remera de Argentina?

Me acuerdo que fui a Uruguay a jugar mi primer partido con la Sub 17, era muy chica, era un amistoso y la ropa nos quedaba enorme a todas, mal. Después esa camiseta la usaba mi hermano mayor que es re grandote. Pero fue hermoso, como cuando fuimos con la selección rosarina a jugar con Argentina y yo le pedía fotos y autógrafos a las jugadoras. Increíble porque con un montón de esas chicas después fui compañera en la selección. Ahora me río, les dije que me firmaron más o menos.

Se dio vuelta la historia y ahora sos vos la que firma autógrafos, ¿cómo te llevás con eso?

No, es increíble. Incluso cuando estoy con mi familia, mis amigas o en la calle y me piden fotos nos reímos. En el supermercado me han pedido fotos. Pero cuando vine del Mundial estuve muy abrumada, no quería salir ni nada, estaba estresada de la cabeza. Fue muy loco todo y la gente estaba muy alborotada. Fue una movida muy grande, no sé si alguno lo habrá tomado mal, pero cuando llegué de allá muchos me llamaban para notas y en un momento me cansé y no hice más nada. No podía. Me sentía muy mal, estuve muy mal. Hablaba con mis kinesiólogos y me decían que tenía que ir a un psicólogo porque me lesionaba mucho, era todo por el tema de la cabeza.

¿Qué pensabas?

Que me saturó mal.

¿Nunca se imaginaron la exposición que tendrían pese a que ya con la participación en la Copa América o el repechaje mundialista algo se veía venir?

Sí, al repechaje en cancha de Arsenal fue mucha gente a vernos y alentar (estadio lleno, en noviembre de 2018, ante Panamá). Pero volver acá fue una locura. Después del Mundial fue peor, no se imaginaba algo tan así.

¿Te pasó a vos y a otras chicas también? ¿Lo pudiste hablar?

Muchas lo disfrutaban, eso decían, porque yo lo hablaba con mis compañeras. Pero a mí no me hizo bien. Todo bárbaro, pero en un momento ya no me daba felicidad. Además este fue un año en el que viajé muchísimo, a Australia, EEUU, una cantidad de viajes increíbles, a los Panamericanos, el Mundial y casi todo seguido. Yo soy muy familiera, soy re de acá, de mi pareja, de mis sobrinos, no quiero otra cosa y entonces a los últimos viajes ya me iba llorando, la pasaba muy mal.

Hasta este año, ¿cuánto habías salido de acá?

No, nunca. No somos una familia de viajes ni nada. Y con la selección fui una vez a Uruguay y una a Chile. Ahora con la mayor fueron muchos y seguidos y muy lejos. Once horas o más arriba de un avión, cinco en un aeropuerto, terrible. Todo bien, pero prefiero estar acá, je. Incluso me dijeron para ir a jugar afuera, pero no.

¿Querés jugar acá siempre?

Sí, no, acá... Si ya tengo 28 años. Todo el tiempo que me quede para jugar lo quiero acá y nada más, en Central.

¿No es una decisión dura justo ahora cuando se abren las puertas en el fútbol femenino?

Es que aparecieron cosas, pero la verdad es que les dije que me entiendan, no me quiero ir a ningún lado. Este año gracias a Dios se me cumplieron cosas increíbles. Por ejemplo, tener mi propio auto, impensado para mí. A la Ciudad Deportiva (donde entrena Central) iba en moto y por ahí me tenía que volver de noche por la ruta, van muchos autos y camiones, la moto se me movía para todos lados, me daba miedo. Pero toda mi vida fui en moto. Y mirá ahora estos días me pude comprar un terrenito ahí en Pérez, me quiero quedar ahí. Ando a full porque me pasaron cosas que no quiero decir que son de suerte, porque sí, me esforcé y la pasé demasiado mal en algún momento como para pensar que fue suerte. Ahora a fin de año se vio la recompensa, la familia está orgullosa.

¿Pudiste lo que otros no pudieron?

Ninguno nunca pudo comprarse un terreno, mi papá está orgulloso. Mi papá trabajaba en fábrica de cartones, está jubilado ahora y mamá siempre cocinando, los fines de semana y en la semana limpiando casas. Ya está grande, pero sigue, es muy luchadora.

Tus hermanos no llegaron en el fútbol, pero llegó la hermana mujer, ¿cierta ironía?

(Risas) Sí, mi papá dice eso. Mi hermana Luz juega futsal y este año salió jugadora destacada de Central, juega muy bien, tiene 19 años, vamos a ver si llega a la selección porque lo hace muy bien.

¿Cómo fue jugar en el Parque de los Príncipes en París en el estreno de un Mundial y nada menos que ante Japón, subcampeón del mundo?

Fue increíble porque yo siempre era suplente en la selección, por más que entrenaba un montón había otras chicas que estaban mejor. Tres días antes del debut anímicamente no estaba bien, no me salían bien las cosas, me decían “¿Gómez que te pasa?”. Al día siguiente el DT me prueba en el equipo titular para jugar de 4, lo hice bien para su entender y cuando da el equipo estoy. Venía siendo suplente de todo y el primer partido, que sea yo la que esté ahí... Por dentro moría de felicidad.

¿Y cuando ingresaste al estadio? ¿En qué pensabas?

Hermoso, un lugar único, terrible (sonrisa). Pensaba en todo lo que pasé, en que de chica no tenía nada, ni botines, me ponía los de mis hermanos que me quedaban grandes, aunque era feliz con esos botines. De chica no es que la pasé mal porque es lo que me tocó vivir, pero por ahí dejaba de jugar porque mi mamá me decía de ir a cartonear, cosas así, porque acá no teníamos nada, sólo una casa chiquita. Y siempre cuento que los cerámicos mis papás los pusieron recién hace tres años.

¿Cómo ves lo que ese Mundial generó, no sólo en Argentina?

No se podía creer la cantidad de gente que fue. Son cosas como de las películas. En el vestuario mismo te esperaban con una canasta llena de frutas y cosas que las mirás y decís “nadie te recibe así”. Te tratan como a una estrella, te cuidan de todo.

¿Ahora cómo analizás lo que hicieron, lo histórico de esta selección que integraste?

Eso, que fue increíble, porque era impensado (si bien no pudieron pasar de fase, cosecharon dos puntos, nunca se había sumado en un Mundial). Y lo otro lo pienso, porque fue una revolución en ese momento y ya te digo, cuando llegué acá me volví un poco loca. Ahora tranquila me alegra haber estado en ese momento y en ese lugar. Estuve adentro, fue muy lindo y lo viví yo.

Después vinieron los Juegos Panamericanos y también históricos porque Argentina nunca se había subido al podio. Sacaron la medalla de plata y pese a jugar sólo unos minutos, ¿cómo lo sentiste?

Hermoso también. Si bien para ese momento ya quería descansar había venido del Mundial, quería estar en casa y tenía una lesión que no me dejaba tranquila, estoy agradecida de haber estado porque tranquilamente el DT podría haberme dejado para que me recuperara. Y estuvimos tan cerca de ganar la de oro; perdimos en los penales...

Como si hubiese sido poco todo eso después vino lo de jugar en AFA y estar con Central siendo el primer club del interior, en el primer torneo femenino profesional.

También (risas). No, si fue bien cargado este año, ¿eh? Lo de estar en AFA es algo que queríamos muchísimo con Central y por ahí no nos aceptaban por el tema de que los demás equipos (todos de Buenos Aires) no quieren venir a jugar hasta acá. En fin, nosotras viajamos más y me pone feliz porque cada fin de semana se vive algo muy lindo.

¿Cómo viste esta parte del torneo?

La verdad que muy bien, hay muchas chicas nuevas, jugadoras muy jóvenes. Hay lesionadas que estaban conmigo hacía tiempo, se las extraña en la cancha. Yo estaba muy adaptada a las anteriores, me costó eso, pero muy bien, terminamos sextas esta etapa del año, somos un equipo nuevo, podríamos estar peor y sin embargo no. El año que viene vamos a estar mejor.

¿Son el equipo que está más en desventaja? Viajan en el día, comen arriba del colectivo, no tienen descanso.

Mirá, nos pasa. Por ahí me enojo porque viajamos a River, a Boca y tuvimos que comer arriba del micro después de haber llegado cansadísimas porque no nos dejaban bajar ni siquiera a comer afuera. Nos dejaban pasar a los clubes dos horas antes del partido. Acá cuando vienen a la Ciudad Deportiva a los equipos los dejan comer antes de los encuentros, tranquilos. A nosotras no nos dejaron nunca, espero que cuando vayamos de visitante a esos clubes que ya vinieron nos reciban de la misma manera. Es algo que me fastidió, que me daba dolor de estómago porque salíamos a las 5, 7 de la mañana. En el último cotejo con Huracán de visitante Central nos dio la posibilidad de ir a un hotel, cenamos bien y dormimos, estuvo muy bueno, entonces una está diferente. Cuando te toca lo otro, la verdad es que es feo.

¿Hay mucha diferencia entre dos o tres equipos que están arriba, como la UAI, River, Boca?

Sí, igual falta que nosotros hagamos la pretemporada. Este año después de que se fue Rosana Gómez (mitad de 2019) y vino la nueva DT Roxana Vallejos no corrimos mucho sino que hicimos más táctico. Espero que la pretemporada esté muy buena para que el año que viene estemos mejor físicamente.

¿Cuánto de la experiencia tuya podés trasladar al plantel? ¿Y cuánto les tenés que hablar a las más chicas?

Lo bueno es que Central nos brinda todo, tenemos nutricionista, coaching, gimnasio, kinesiólogo. Es más que nada esfuerzo de cada una, hay que cuidarse, saber que tenés que estar bien entrenada, lo esencial. Y no soy de hablar mucho, que hablen otras. Pero tengo que estar, así me lo pidió la DT.

¿Cuáles son las aspiraciones?

La idea es estar entre las ocho primeras, más que nada buscábamos estar en la Zona Campeonato sí o sí, no tener que pelear ni permanencia ni nada de eso. Ahora estamos bien y sé que podríamos estar mejor. Pero bueno, son cosas de aprender en esta primera etapa para lo que viene.

¿Y con la selección? ¿si te llaman volvés?

La verdad es que no sé qué más puede pasar. Vamos a ver el año que viene, ahora están viendo a las juveniles. El técnico vino hace poco a Rosario y hablamos de cómo estaba. Y sí, si me llaman vuelvo. Aunque ahora quiero estar bien en el club y que a Central le vaya bien en el torneo.

¿Es un plus que para algunas el fútbol sea un trabajo aunque falte un montón en el profesionalismo?

Me gusta mucho porque es a lo que me estoy dedicando ahora, sino tendría que estar corriendo buscando hacer algo, todo el tiempo estaba buscando hacer algo, un trabajito.

¿Cómo armarías un podio con los momentos del año?

La verdad que es difícil. El repechaje, si bien fue a fines de 2018, lo pondría primero porque me quedó marcadísimo, el momento único en el que entrábamos a un Mundial, impresionante. Fue ahí donde empezó todo, ¿no? Dos: cuando entré al primer partido del Mundial. Y tres: ahora estar con Central jugando en AFA, tres momentos tremendos.

¿Un deseo para 2020?

En lo personal terminar mi casa que la tengo que comenzar (risas). Ya tengo el terrenito para que vaya mi familia, mi pareja, mi gente. Ahora vivo abajo de la casa de la mamá de ella. En lo futbolístico el sueño es con Central, espero que cerremos el año con una sorpresa enorme, no te quiero decir campeón, pero... Después de que se conozcan los ocho mejores se juegan partidos aparte, hay que ver qué pasa.

¿Cómo definís el año que se va con todo lo que te tocó vivir?

En estos días andaba pensando en eso. Cierro un año increíble. Con Central estoy muy bien, lo que tengo por mes, un sueldo, no lo tuve nunca y todo lo que estoy viviendo... A mí 2019 me dio todo, siento eso, me dio muchísimo, mucho más de lo que pude soñar. No esperaba nada de todo lo que me pasó. Siempre jugué y di lo mismo. Nunca pasó nada, hasta este año en el que pasó de todo.