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Atravesado por la pobreza, la exclusión y la ausencia del Estado, padece el flagelo de la violencia en cada uno de sus rincones pero la gente lucha por salir adelante en un contexto desolador.

Por Alejandra Ojeda Garnero

La zona de Cabín 9 fue noticia en las últimas semanas como consecuencia de varias balaceras que tuvieron lugar en las inmediaciones de los únicos tres establecimientos educativos que contienen a los chicos del barrio.

Ingresar a Cabin no es fácil y el paisaje se torna cada vez más terrible a medida que se atraviesan las calles de tierra, que con las lluvias de las últimas semanas se tornan casi intransitables.

Una ancha avenida con un mejorado bastante deteriorado es la principal ruta de acceso a un lugar donde la pobreza y las carencias, en todo sentido, son más que evidentes.

El abandono por parte del Estado y el aislamiento que sufre esta zona alejada de Rosario y de Pérez se palpa en cada esquina, en cada rostro de sus habitantes que, ante la existencia de conflictos sociales inocultables, la mayoría de las personas trabaja para intentar salir adelante y lograr una mejor calidad de vida.

La problemática que aqueja a Cabín 9 no es difícil de evidenciar. En las calles se siente miedo, la gente no quiere hablar sobre lo que pasa, pareciera haber un pacto de silencio tácito en el que todos saben que exponer lo que pasa tendrá consecuencias.

Pero no es el único problema. Conclusión recorrió las calles donde se puede observar un paisaje desolador, con casas donde la mayoría son propietarios de viviendas humildes pero con una gran falencia por parte del Estado en lo que hace a infraestructura y servicios esenciales como agua, luz, gas, cloacas que prácticamente no existen o son insuficientes para una población de 17 mil habitantes que ocupa un total de 83 manzanas. Muchas familias se trasladan en distintos medios y bidones en mano a buscar agua potable a la planta, ya que en muchos lugares no llega la red de agua.

En las últimas semanas Cabín 9 fue noticia por distintas balaceras que se sucedieron en cercanías de las escuelas primaria y secundaria, pero esos hechos pusieron en el tapete una problemática mayor. La falta de contención de los jóvenes por parte del Estado y en muchos casos de su propia familia, es el caldo de cultivo para que las organizaciones criminales los capten para cuidar sus territorios.

Ante la consulta sobre cómo se vive hoy en Cabín 9, la respuesta es el mutismo total y los pocos que se animaron a mencionar algo, que sólo representa la punta del iceberg de una realidad inocultable, lo hacen en el total anonimato y con mucho temor a represalias.

En definitiva, Conclusión arribó al conocimiento de la problemática a partir de información oficial brindada por organismos del Estado que conocen a la perfección el conflicto. Existen dos o tres bandas vinculadas al comercio de drogas que se disputan el territorio en la zona y ese es el principal detonante de los enfrentamientos que se suceden a diario en las calles de Cabín.

La intervención del Estado es insuficiente y casi nula. En Cabín 9 existe una comisaría, la sub 18ª, que cuenta con un móvil que está en condiciones deplorables y tres efectivos al que se le suma el subcomisario a cargo de la dependencia. Cuando ocurre algún hecho violento es casi imposible intervenir, ya que en muchas ocasiones uno de los tres efectivos está afectado al cuidado de los detenidos.

Con este panorama, resulta casi imposible controlar los conflictos que se presentan en un territorio tan vasto como es Cabín 9. A ese problema se suma que la mayoría de los integrantes de estas bandas son adolescentes, menores de edad que no pueden ser retenidos en la seccional por mucho tiempo y que sus propias familias tampoco quieren retirar, lo que los deja en una total situación de desamparo.

Estas disputas, que en su mayoría se dan entre adolescentes que integran esas bandas y son captados por la falta de oportunidades, afectan seriamente la vida cotidiana del resto de la población que se encuentra en muchas ocasiones en el medio de esos conflictos armados con el riesgo de convertirse en víctimas involuntarias de una balacera.

Es importante destacar que si bien los hechos se dieron en inmediaciones de las escuelas, la violencia no se trasladó puertas adentro, aunque algunos de los alumnos provienen de familias afectadas por la problemática, dentro de la escuela se sienten contenidos.

De todos modos, a partir del abrazo a la escuela primaria 1209, que tuvo lugar esta semana y que surgió luego de una reunión con las distintas entidades del barrio como la escuela, el dispensario, la Policía Comunitaria, el intendente y concejales de Pérez, la escuela primaria cuenta con custodia policial en el horario de entrada y salida de los dos turnos para tratar de evitar cualquier tipo de hecho violento y brindar seguridad a alumnos y padres.

Esto demuestra que el único espacio de contención y al que todavía se le tiene respeto es la escuela. Por eso el pedido al ministerio de Educación para que implementar jornadas extendidas para los alumnos es urgente como una forma más de incluir y brindar a los chicos otras alternativas para mejorar sus vidas y cambiar el rumbo de su destino.

De todos modos, los mayores inconvenientes se presentan en la escuela secundaria donde existe la mayor concurrencia de adolescentes que están expuestos a un alto riesgo social debido a las características del entorno y de sus propias situaciones familiares. el hecho con mayor repercusión ocurrió en la puerta de este establecimiento y se trasladó hasta la escuela primaria donde se produjo la balacera.

Pero no todo es oscuro en Cabín 9, pues muchas familias tratan de diferenciarse porque están cansadas de ser constantemente estigmatizadas. Familias humildes, pero de trabajo y esfuerzo que cada día salen a las 6 de la mañana a luchar por mejorar sus vidas y muchos lo lograron. Alumnos que pasaron por las aulas de las escuelas de Cabín 9 lograron llegar a la facultad y graduarse, entre ellos se pueden nombrar médicos, abogados y otros que con esfuerzo se capacitaron en algún oficio como electricistas o albañiles.

Las autoridades deben seguir de cerca esta problemática porque lejos de desaparecer está en constante crecimiento y tomar decisiones para terminar con este flagelo será determinante cambiar el rumbo de estos jóvenes que son, ni más ni menos el futuro de un país.