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Esto que escribo es más que una queja contra Coopeser, es también un análisis de lo que nos viene pasando como comunidad a los vecinos de Pérez.

Escribe: Pablo Vitale.

 

Agua, como te deseo 
agua, te miro y te quiero 
agua, corriendo en el tiempo 
agua, sal de mi canilla 
quiero que me hagas cosquillas…

 

Así nomás como burlándose de mí, el amigo Ciro canta, mientras yo miro la canilla desconsolado, ya va para el tercer día que no larga una gota.

Con quien enojarse, a quien putear, no sé, la verdad hace tiempo que no me sentía tan superado por una situación. Llamé a Coopeser y la contestación fue más o menos que te describan el agua cuando te estás ahogando.

Hagamos un repaso, pagamos un servicio de agua que solo sirve para lavar, baldear, regar, llenar una pileta (esto no debería ser así), lavar el auto y cocinar porque se hierve. Seguro que muchos dirán que según los estándares de la OMS (Organización Mundial de la Salud) el agua de Pérez se puede consumir, pero la misma cooperativa te da tickets para que la gente vaya a cargar agua con bidones a un tanque y la gente va, colas bajo el sol y dale que va.

Todo el mundo se queja del servicio, que sin lugar a duda está por debajo de lo deficiente, días sin agua, baja presión, etc., pero son solo palabras más, palabras menos, todo queda ahí.

Esto que escribo es más que una queja contra Coopeser, es también un análisis de lo que nos viene pasando como comunidad a los vecinos de Pérez.

Se y no es ciencia aplicada, que la ciudad se va haciendo grande y que este crecimiento conlleva la perdida de ciertas buenas y malas costumbres de todo pueblo.

La idea de comunidad siempre se asocia a poblaciones chicas, comunas, colonias, pero esto no es así, según el diccionario es: “Conjunto de personas que viven juntas bajo ciertas reglas o que tienen los mismos intereses”, en ningún lugar habla de cantidad de habitantes.

Y eso, queridos vecinos, es lo que estamos perdiendo, el sentido de Comunidad, desde hace muchos años lo que realmente importa y se defiende son mis intereses y cumplir NO todas las reglas, solo las que me convienen, ¿y el otro, tu vecino? Que se cague, si a nadie le importa nada, cada uno hace lo que quiere. Y ese es el principio y el fin de un peligroso circulo vicioso.

Donde empezó todo esto, es complicado de explicar, pero hay ciertas situaciones que ayudan a percibirlo, entrar en un bar o un restaurant de la ciudad y ver a prácticamente todos los comensales mirando el celular sin emitir palabra o sentarte a hablar con alguien y que tengas que decirle diez veces lo mismo porque cada tres segundo mira la pantalla y cuando levanta la cabeza te mira y te dice ¿Cómo decías?. Otra, un vecino corta el pasto, lo embolsa y el de al lado lo prende fuego, se tira la basura en cualquier parte y a la hora que sea y se tira lo que sea. Y así puedo estar semanas escribiendo y me van a faltar.

Y esa falta de intereses en común, de respeto a las reglas se traslada a todos los ámbitos, gubernamental, educativo, deportivo, de recreo, etc.

Sostenido todo esto con el salvo conducto espiritual de que “la culpa la tiene el otro”.

“Los políticos son todos ineptos, van a la política a salvarse”, “y a las comisiones o cooperativas van los que quieren rasguñar algo” etc.

O la defensa de los intereses propios, “en vez de pararme a mí y romperme las bolas con el casco y los papeles porque no barren la calle”, “me hicieron una multa por estacionar en doble fila y el de al lado de mi casa se la pasa tirando agua a la calle, pero a ese no lo ven porque tiene plata”.

Esta nueva identidad Individualista, que hemos sabido conseguir, nos limita el análisis, el intendente, los concejales, los miembros de cooperativa, los integrantes de las distintas comisiones son parientes, vecinos, amigos, conocidos, parte de esa comunidad que ya no reconocemos.

Al intendente, a los concejales, los ponemos y los sacamos nosotros con el voto, a los miembros de la cooperativa o comisiones directivas los ponen los socios y los sacan los socios, con el voto.

No bajan con un rayo del mas allá y se imponen ante todos, eso pertenece a la hermosa mitología griega.

“Divide y reinaras”, en esta ciudad de habitantes (no de vecinos), donde se va perdiendo día a día el sentido de pertenencia, el sentido de comunidad, quien es un poquito más perspicaz hace su juego sabiendo que los cuestionamientos vienen de a uno y no de a muchos. Nos hemos dejado diezmar.

Y no hablo de hacer la revolución francesa o cubana, hablo de no perder el orden de las cosas, los que gobiernan trabajan para nosotros, no nosotros para ellos, si pagamos un servicio, ese servicio se tiene que dar y en óptimas condiciones. (siempre comprendiendo que puede haber fallas). La ciudad es de todos, no mía cuando me conviene o es nuestra cuando nos invade la nostalgia recordando los carnavales, los jardines, el Chachin, seguro que fue muy lindo, pero Pérez fue eso y es ahora, así como esta.

Para cambiar como vecinos, primero tenemos que ejercitar nuestra capacidad de análisis, no dejarnos llevar por la locura premeditada por algunos. Proponer y exigir con respeto ser escuchados, aprender a criticar para construir, no justificar lo injustificable. Valorar el patrimonio de la ciudad como algo bien nuestro, de todos.

Conocer su historia y reconocerla para que las buenas cosas se repitan y las malas no.

Como autoridades, salir a la calle y charlar con los vecinos, escuchar críticas y agradecer halagos. Defender decisiones, aunque no caigan bien algunos. Ser dignos de su cargo y de la comunidad a la cual representan.

Cuando me senté a escribir, esta iba a ser una queja por el servicio del agua, (dicho sea de paso, las autoridades de Coopeser para demostrar que suman al sentido de comunidad, tendrían que dar explicaciones, por los medios, Facebook y contarnos que es lo que pasa y cómo piensan resolverlo), terminó siendo, como dije al principio, el análisis de un vecino que también comete los errores arriba mencionados y que muchas veces coquetea con la individualidad. Pero cuando mira a sus hijas crecer y desarrollarse en esta ciudad siente que puede ser y hacer un poquito más. Para que ellas entiendan que, en una comunidad, con el de al lado se puede contar.

Hágase saber que:

El individuo que se opone a la comunidad como realidad absoluta, olvida que por encima de la individualidad que se nutre de egoísmo, está la cultura humana que es siempre síntesis de valores.